Mi historia
Llegué a Berlín sin saber prácticamente nada de alemán. Recuerdo lo que se sentía: el miedo de no entender nada en el supermercado, la vergüenza de pedir un café equivocado, la frustración de no poder expresar lo que pensaba.
Pero poco a poco, con paciencia y práctica, el alemán fue formando parte de mi vida. Empecé a pensar en alemán, a soñar en alemán, a hacer amigos alemanes. Diez años después, Berlín era mi hogar.
Mi momento favorito fue cuando un estudiante me dijo: "Paula, por fin entiendo la diferencia entre nominativo, acusativo y dativo. ¡Es como si de repente hubiera visto la luz!" Eso es lo que quiero lograr contigo.
— Paula
Hoy uso el alemán todos los días, tanto en mi vida profesional como personal. Y lo que más me llena es ayudar a otros a recorrer el mismo camino que yo recorrí, pero de una manera más fácil y rápida.